El primer gobierno democrático no nacionalista ha llegado a Euskadi, al País Vasco, a Euskal Herria, a las Vascongadas. Habría que empezar a pensar en confiar, en esperar algo, tampoco mucho, del pacto entre PSE-PP. Dos egos que se desatarán, Patxi y Basagoiti juntos. En la campaña interpretaron el papel de 'pimpinela' a la perfección, ahora les toca hacer de enamorados.
Es el momento de exigir mucho y de esperar más. Por lo pronto tenemos el compromiso de Patxi López: "quiero logar la paz, pero sin precio político". Hará gestos a ETA, seguro, eso es indudable: de casta le viene al galgo. Para parar los pies están los escaños populares. Basagoiti tiene en sus manos mucho más de lo que nunca habría imaginado.
La paradoja es que Basagoiti tiene más poder cuando su partido tiene menos votos. Eso debe dolerle mucho más al PNV. Un partido abiertamente constitucionalista y un partido abiertamente indeciso, pero eso sí, con una base central en Madrid le ha mojado la oreja a los adalides del vasquismo. Debe ser duro que, de buenas a primera, después de 30 años de alquiler, los caseros te echen de la que creías que era tu casa.
Ahora toca, como he dicho, esperar y exigir lo máximo, hace falta que el País Vasco, después de que sus ciudadanos hayan aceptado vivir acorde a la Constitución y como una comunidad autónoma dentro de España, vuelva al cauce del respeto a la convivencia. Ahora, mientras patalea el PNV, también hay que aguantar carros y carretas y verlos pasar por delante de casa como cadáveres políticos. Ciao.

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